El radio de acción del  Instituto Sócrates para los Valores y la Excelencia pretende extenderse a todas las esferas de la realidad personal, social y educativa, con el fin de proporcionar a las personas que lo necesiten instrumentos de autosuperación y fortalecimiento de sus estrategias vitales, siempre con el fin de potenciar una vida más equilibrada y feliz, al tiempo que más resuelta, determinada, valiente y generosa. Si bien es cierto, que por sus orígenes, el Instituto tiene una marcada orientación hacia los problemas relacionados con la discapacidad y su encaje en la sociedad - educación, familia, relaciones afectivas y trabajo.

La actividad del coaching, esencial entre las estrategias potenciadoras del Instituto, puede implicarse en cualquier tipo de situación personal en la que un ser humano necesite abrir las puertas a sus potencialidades, silenciadas o amordazadas por toda clase de creencias paralizadoras y desactivadoras, cuando no de situaciones familiares, educativas o sociales estresantes o injustas.

 

 

INSTITUTO SÓCRATES PARA LOS VALORES Y LA EXCELENCIA

Ahora bien, la preponderancia de los valores que animan al Instituto Sócrates hace que sean estos los que impriman un sello humanístico a toda su actividad, sea cual sea. Hay una fundamental creencia en los fundadores del Instituto, y muy señaladamente en su directora, según la cual  los valores adquieren una fundamental y decisiva importancia en los procesos de fortalecimiento personal que el Instituto Sócrates persigue infundir en las personas que acudan a él en busca de ayuda, asesoramiento, orientación o cualquier otra necesidad vinculada al desarrollo personal y a la educación.

El Instituto  Sócrates pretende sacar de sí todo lo mejor de las personas, la excelencia, en general elevar al máximo la autoestima, la aceptación y el valor de cada uno, y en concreto de los jóvenes discapacitados y sus familiares.  También busca  proporcionar herramientas psicológicas que ayuden a afrontar las dificultades con un mayor optimismo y una mayor determinación en superarlas, siempre desde un espíritu alegre que crea fundamentalmente en la Vida y en la necesidad de arroparla con unos postulados filosóficos y psicológicos fundamentalmente optimistas a la vez que esencialmente éticos.


¿Qué valores?


Una sociedad es el conjunto de los individuos que interactúan en ella y, por tanto, su naturaleza dependerá muy decisivamente del carácter ético de los que la integran. Si los valores se arruinan, la sociedad se arruina. Si los valores se resquebrajan, la sociedad  se resquebraja, como puede verse claramente en la actualidad española hoy mismo. De ahí la necesidad de impulsar los valores por cualquier medio, y creemos que el Instituto Sócrates puede ser un medio para promoverlos y mantenerlos vivos en la vida concreta de las personas que se acerquen a nosotros en busca de ayuda.     

No hay valores en abstracto que puedan ser invocados genéricamente. Solo hay valores concretos que puedan ser descritos individualmente, uno a uno. Siempre hemos creído en nuestra actividad como educadores,  que los valores son esenciales en el desarrollo formativo de un ser humano, y por ello hemos dedicado buena parte de nuestros esfuerzos a intentar desarrollarlos como estrategia de primer orden  para afrontar la vida de una manera responsable y valiosa. Siempre hemos creído que los centros educativos, y muy singularmente los que acogen en su seno a adolescentes, deben vigilar esa dimensión de la educación pues, a fin de cuentas, en ella pueden radicar los fundamentos éticos de la existencia de esas personas, decisivos no solo para su vida personal sino, también, para la sociedad en su conjunto, pues ellos serán la sociedad del mañana.

Alentamos, pues, ante todo, el valor de la aceptación de la diferencia y de su inclusión en la normalidad de la vida, sin discriminación de ninguna clase. Una de las diferencias más notorias entre seres humanos es la que impone a ojos vistas la discapacidad. Esa diferencia debe ir acompañada de un pleno reconocimiento de los derechos de las personas que viven esa discapacidad, sin cortapisas de ninguna clase. Ese derecho es un valor decisivo, pero su reconocimiento exige determinación y lucha. El Instituto Sócrates trabaja denodadamente en la defensa de este valor supremo que es el respeto máximo a los derechos de los diferentes y más débiles, ante el cual no caben concesiones de ninguna clase.

Por tanto, el valor del respeto al Otro, con mayúsculas, es otro de los valores esenciales que defiende este Instituto. No solo se trata de defender el ámbito de la privacidad, sino que también se trata de despertar esa conciencia solidaria, donde mis derechos y necesidades conviven con las de los demás. Afinar esa conciencia de sociabilidad y convivencia con los otros diferentes es parte del trabajo que propone desarrollar esta entidad.

El valor de la autonomía personal. Ser capaz de enfrentarse a decisiones injustas cuando los valores colectivos, o estrictamente personales, así lo aconsejen.

El valor de la libertad, que exige valentía a la vez que reflexión calculadora. Cuando la libertad está en juego se despiertan todas las alarmas y, a veces, se exigen actuaciones valientes, que no miren las consecuencias perjudiciales de los actos comprometidos sino al Bien colectivo - o individual - que protegen esos actos.

El valor que busca la defensa a ultranza de la felicidad, como forma suprema de hacer frente a la vida. Todas las estrategias éticas del Instituto se encaminan a ese fin, sin olvidar que, a veces, la felicidad no es posible del todo. Pero, aun en contextos arduos, defendemos el derecho a la felicidad de las personas y alentamos desde el Instituto estrategias en esa dirección. Recomendaremos a  nuestros clientes los filósofos que mejor protegen ese dominio de las esperanzas humanas, y Sócrates, el libre, es uno de ellos.

El valor de la bondad, gestionada desde el convencimiento de que el Bien es - junto con la justicia - uno de los motores esenciales que debe impulsar la actividad humana, en cualquier ámbito, privado o público.

El valor de la generosidad, como forma de romper los barrotes de la cárcel privada donde se refugian los intereses estrictamente personales. El egoísmo bueno no es incompatible con la generosidad ejercida sin condiciones. El egoísmo bueno es el que protege el desarrollo personal de una forma autónoma e independiente, pero a la vez es consciente de que existen los otros y las necesidades de los otros. Mirar a los otros, entregarse a ellos, ser parte de los otros es una forma de afrontar la generosidad esencial que defiende este Instituto.

El valor de la gratitud, que forma parte de una buena disposición para convertir la vida en un escenario de agradecimientos múltiples, por todas las razones. Enseñar gratitud es parte de las tareas que se propone este Instituto. La gratitud cura la enfermedad del desprecio a la vida, y muchos de los males que se incuban en la existencia de las personas, proceden de esta actitud hostil hacia la existencia.