Sócrates es el creador de la Ética, es decir, esa disciplina filosófica que consiste en procurar medios e ideas para que el ser humano sea capaz de actuar para proteger determinados principios considerados virtuosos, y, por tanto, buenos para el hombre. Frente a los eleáticos, interesados en la física y en la metafísica, Sócrates se preocupó por el hombre como tal, y lo hizo con el fin de afianzar conductas justas y bondadosas, antes que eruditas o especulativas, por no decir abiertamente seducidas por el imperio de la utilidad práctica, como preconizaban los sofistas. Además, Sócrates fue un hombre modesto, que huyó en todo momento de los oropeles y que nunca buscó la bendición interesada de los poderosos. Precisamente por su esencial modestia, nosotros - con modestia y rendido reconocimiento - lo incluimos en la entrada de nuestro Instituto, tomando prestado su nombre. Estamos seguros de que si llegamos a ser coherentes con sus principios y prácticas éticas, él aprobaría esa decisión que, por lo demás, no es otra cosa que un abierto homenaje a su inmensa figura.

Ninguno de los valores que proponemos en nuestro proyecto es ajeno, en lo esencial, al pensamiento ético socrático. Todas las más profundas reflexiones éticas, interesadas en articular la existencia humana en torno a valores que la fortalezcan y engrandezcan, tienen su origen, en último término, en el genio de Sócrates. Así lo reconoció su discípulo Platón y el mismo Aristóteles y todos los que, en la posteridad, pronto se rindieron ante la grandeza de su pensamiento y de su actitud vital. Ni siquiera las diatribas contra Sócrates de Nietzsche han conseguido desbaratar su legado, hoy todavía plenamente vigente. Ese legado, por lo demás, está profundamente imbricado en la existencia del hombre Sócrates, al menos en lo que conocemos de ella. Él defendió un principio esencial, bagaje indispensable de toda ética que se precie: la conducta no puede contradecir los principios teóricos que soportan esa conducta; de ocurrir lo contrario, los principios teóricos se resienten inevitablemente. Si Sócrates hubiera sido altivo, soberbio, displicente, dominador y autoritario, no hubiera convencido a nadie con sus teorías basadas en la profunda convivencialidad igualitaria entre los seres humanos, lo cual le llevó - como más tarde ocurrió con Tolstoi, que le admiraba profundamente - a querer siempre ser uno más entre los atenienses, no distinguido por ningún honor que lo separara de los demás seres humanos. Cuando chirría la conducta personal de alguien en relación con los principios esgrimidos por ese alguien, los principios se resienten y el que los ha defendido se resiente aún más. Sócrates es un modelo de esa coherencia fundamental entre teoría y práctica, y de ahí la fascinación que sigue ejerciendo sobre todos los que buscan en la vida una forma de estimular la conquista del Bien, allí donde este se exprese y sea necesario.

La decisión de Sócrates de beber la copa de veneno antes que comprometer sus creencias personales fue muy valerosa. En aquel momento se adelantaron mil años de Historia y se concedió a la gente aún no nacida el derecho a la libertad de acción y de palabra.

Pero además, Sócrates fue un educador y esa dimensión de su vida es sumamente estimulante, por no decir fascinadora, para todos los que procedemos del mundo educativo, al que hemos dedicado buena parte de nuestros esfuerzos. Hemos sido educadores y queremos seguir siéndolo. Este "Instituto Sócrates para los Valores y la Excelencia" pretende ejercer sus técnicas de ayuda a los demás con el fin de apuntalar una especie de espíritu educativo transversal, lo cual significa que el espíritu de la educación socrática, vinculada al diálogo con el otro, es esencial en las estrategias de ayuda que buscamos desplegar en nuestra actividad.

La mayeútica socrática como base del Coaching

El diálogo socrático es el fundamento de otro de sus grandes descubrimientos, la mayéutica. El conocimiento surge de la interacción dialogal con los otros, en un interminable sistema de preguntas y respuestas que desembocan en nuevas preguntas y nuevas respuestas, y así hasta el infinito. La mayéutica es el arte de estar con el otro para, desde el diálogo, hacer que surja la verdad relativa, no exenta nunca de dudas acechantes. El coaching le debe todo a este procedimiento extractivo del saber compartido pues, para el coaching, el otro es el experto, tal como dijo Sócrates: "Yo no puedo enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos; eso es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría" Frente a la soledad del erudito, la convivencialidad del socrático. Frente al aislamiento del que sufre, la apertura al otro del que quiere curarse. Frente al monologuismo psicoanalítico, el intercambio dialogal de la mayéutica socrática. Nosotros queremos ser unos modestos, pero fervientes herederos de esa tradición y de ahí nuestro nombre: Instituto Sócrates para los Valores y la Excelencia.


Ángel Rupérez, Consejo de Dirección del INSVE